HIGH FIDELITY:
(porque los ñoños también tienen corazón)
Cuando un libro o una novela es adaptada al cine, siempre ocurre que no todo el mundo queda conforme con el trabajo final. Eso ocurre sobretodo con los lectores y seguidores que llevaron a aquel libro al top one de los best sellers. Pero algo pasa con la corriente snob de la literatura postmodernista que hace que sus adaptaciones cinematográficas siempre sean muy aplaudidas, incluso llegando a ser objetos de culto, como es el caso de “Fight Club”, “Trainspotting”, “Clockwork Orange” y la película que nos referiremos en esta ocasión: “High Fidelity”. Puede que esto se explique porque estas novelas están llenas de citas y referencias a la cultura pop, ya que los personajes siempre hablan sobre gustos musicales o cinematográficas, citan a intelectuales contemporáneos o bien tienen empleos “cool” que a casi todo el mundo le gustaría tener, elementos que muchas veces reflejan un poco los gustos de los autores de estas novelas, dejando en claro que el aporte a la construcción de los personajes pasa a un segundo plano.
Los temas que tratan son muy contemporáneos y rara vez expuesto en los medios de comunicación, a no ser que lo hagan como protagonistas de las crónicas policiales o en artículos con motivo de debate entre sociólogos y expertos (o sea, nada de interés popular), como es el caso de “Trainspotting” que tocaba el tema de la drogadicción en jóvenes escoceses que renegaban de la cultura inglesa (pero que aún así escuchaban David Bowie o Lou Reed. Contradicciones de la vida diaria), o en el caso de “Fight Club” que toca el tema de la violencia aparentemente motivada por una disconformidad con el sistema (cuando en realidad todo era motivado por la locura de su protagonista... creo que se me salió un spoiler. Lo siento por los que no vieron la peli). Además, son novelas que no poseen una estructura rígida, por lo mismo que comentaba recién (el contenido), por lo que los directores pueden llegar a tener una libertad casi infinita para llegar a realizar las adaptaciones al cine. De hecho, las películas citadas (más otras que andan dando vueltas por ahí) llegaron a marcar un antes y un después, incluso instalando tendencias en el lenguaje audiovisual tanto en el cine como en la televisión. Pasó en el caso de “Orange Clockwork” (o “Naranja Mecánica”, como prefieran algunos) donde Stanley Kubrick realizó una película sublime, incomprendida en su época, llegando a ser motivo de análisis en la actualidad. También pasó con la estructura en el desarrollo de “Fight Club” y con la estética brit pop de “Trainspotting” llegando a ser descaradamente copiada en una de las peores y más desapercibidas películas chilenas que haya pasado por un cine: la insufrible “Mala Leche”.
“High Fidelity” es una película dirigida por Stephen Frears y realizada en el 2000, pero ambientada a mediados de los noventa, cuando el vinilo estaba en retirada (pero sólo en la práctica masiva de escuchar música, porque en realidad siempre ha estado presente), el CD era un lujo y los cassettes eran el pan de cada día. En este contexto tenemos a Rob (John Cusack), dueño de una disqueria ubicada en el peor lugar de Chicago, donde muy poca gente transita y donde los ñoños de la música hacen un esfuerzo por llegar al lugar para encontrar las rarezas, los bootlegs o los sides-B que nunca encontrarán en disquerias multinacionales. Su novia de años, Laura (Iben Hjejle) lo abandona porque lo acusa de no sentar cabeza y de inmadurez. Es así como Rob entra en una etapa de luto amoroso, donde comienza a cuestionarse si realmente él es el problema en todas las relaciones que ha tenido, o bien han sido las circunstancias las que han marcado todas sus rupturas y decepciones. Y mientras Laura se va a vivir con un ex vecino llamado Ian (caracterizado por un excelente Tim Robbins, el mismo de “Rio Mistico”, donde comparte roles con un notable Sean Penn, y el mismo de “ Sueños de Fuga”, donde sale con un entonces recién aparecido Morgan Freeman), Rob se introduce en un viaje introspectivo consistente en ubicar a todas las ex novias que ha tenido para invitarlas a salir y poder lograr entender de esta manera si su problema lo ha ido arrastrando desde pequeño o bien sólo se ha dado en situaciones ajenas a su control. Un viaje bastante cuestionable, considerando que este tipo de cruzadas hacia el pasado no es más que el reflejo de alguna carencia afectiva provocado por alguna desilusión de antaño o actual, pero que refleja la dependencia de esta persona hacia el cariño, amor e incluso llegando al extremo de provocar en la pareja la misma dependencia de ésta persona hacia la otra, dando a entender que no importa la persona con la que estés, solo importa que alguien llene ese vacío en tu alma, por lo que quizás el amor hacia Laura se podría cuestionar perfectamente. En todo caso, en la película Rob está constantemente haciéndole entender a Laura que sin ella no puede vivir y que vuelva con él, por lo que seguramente sí podríamos darle una oportunidad a la posibilidad de que Rob realmente se siente enamorado.
En su disqueria, Rob tiene contratado a dos tipos: Dick (Todd Lousio, el mismo que trataba que le entendieran su jazz en “Jerry McGuire”) y Barry (un hilarante Jack Black, el mismo de “Tenacious D”). Ambos son unos verdaderos ñoños de tomo y lomo que, a pesar de haber sido contratados sólo por tres días en la semana, van TODOS los días sólo porque no tienen vida y no tienen en que invertir su tiempo el resto de la semana. Los diálogos que tienen en la películas son sencillamente geniales, muy entretenidos, porque constantemente están hablando de música, de trivias y datos inútiles que a nadie le interesa, sólo para competir y demostrar quién es realmente el más ñoño de la tienda. Personalmente, considero que esta dupla sigue esa eterna tradición en el cine cuando los personajes secundarios se llevan todos los aplausos. Pasa en esta cinta, ya que esta dupla se roba la película y matiza el romanticismo presente en la historia de los protagonistas, aportando mucho humor (y del muy estúpido) y lo más importante, datos y trivias que sólo los ñoños podrían apreciar.
Un leitmotiv que constantemente vemos en esta película es la costumbre de Rob de crear un listado de las cinco mejores o peores cosas. De hecho, la película comienza cuando Rob recuerda sus cinco peores desilusiones amorosas, y así en el transcurso de la película vemos listados de los cinco mejores empleos, los cinco mejores discos para escuchar en un día Lunes, los cinco mejores clásicos, los cinco mejores temas número 1 que salen en los lados A de los discos, y así sucesivamente, lo que refleja una vez más el tema de la carencia y de cómo, en estos listados de los top 5, proyectan los empleos y la vida que quieren llevar y que no pueden tener como una forma de llenar los vacíos que tienen en sus vidas. De hecho, Rob llega a crear una disquera independiente llamada “Top 5 Records”.
“High Fidelity” es una película hecha en familia, ya que muchos de los actores se conocían desde hace años, e incluso hasta el día de hoy siguen compartiendo roles en series y películas. Joan Cusack (que hace el papel de Liz, la neutral amiga de Rob y Laura) salió en la cómica y también rockera “Scholl Of Rock”, compartiendo roles con Jack Black, quién a su vez tenía una banda con John Cusack cuando eran jóvenes, un John cuyo apellido es igual a la de Joan, casi haciéndonos suponer que algún lazo de familia deben tener entre ambos. También tenemos a Tim Robbins, quién también tenía un lazo con Jack Black, llegando incluso a hacer un cameo en “Tenacious D”, haciendo el papel del indigente cojo que le daba el mapa a Jack para que entrara al Museo del Rock a robar la uñeta del destino (o la “pick of destiny”).
En general la película es entretenida, lleno de trivias ñoñas y con una historia de amor (o de tortura, depende de como quieran llamarle) bastante amena pero a la vez trágica. Dicen las malas lenguas que se viene la segunda parte, ahora que todos estos actores están más famosos y facturan más lucas. Del uno al siete le pongo un 6,5. Y ahora a escuchar un buen vinilo...
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